MI TRABAJO ES PENSAR.

 

Me pagan por pensar. Mi cerebro inventa relaciones que podrán ser aplicadas en cualquier rama de la técnica o de la ciencia. Aquella mañana andaba enredado en un teorema de teoría cuántica y sorprendentemente encontré la solución en apenas dos semanas de delirantes pensamientos.
No se me pasó por alto el detalle de que esa solución que había nacido de la intuición debería ser demostrada.
Pero esa noche al dormir confiado en que había terminado la parte más laboriosa.
Al día siguiente me enfrasqué en la tarea de confirmar la validez del teorema y comencé según costumbre a definir supuestos y probar para ver si el algoritmo fallaba, en cuyo caso sería descartado.
Cada intento lo escribía en papel que depositaba al albur sobre la mesa.
Era de ver la materialización de los pensamientos en forma de hojas con garabatos y fórmulas matemáticas, sumando un sinfín de tachaduras.
Al principio de a poco y progresivamente aumentando en forma de estratos hasta unos niveles que ni siquiera como el desorden pude controlar.
Lo que más me aterraba era la incapacidad que sentía de seguir el algoritmo que le llevaba de una hoja a otra, de un razonamiento a otro. Estaba perdido en mi propio laberinto.
Unos días después intuí que las partes de que estaba compuesta la solución ya las había analizado y me encontraban allí, sobre esa masa ingente de papeles, pero que al igual que, le pasa al entomólogo que intuye la existencia de un insecto por determinados indicios, encontrarlo puede ser fruto tanto del empeño como de lo inesperado.
Entreví que lo único que podía aportar era un amasijo de papeles desordenados de manera precisa, porque sabía que la solución participaba de la forma en que estuvieran colocados.
Acepté en que a veces la solución a determinados problemas implica un caos. Y en ese Caos de ideas y pensamiento vive mi mente. Un maravilloso Caos, que hace maravillosa a mi vida.

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